viernes, 30 de septiembre de 2016

EL DOLOR DESPUES DEL GRITO


Yo, al igual que muchas, me descubrí un día siendo una madre insoportable, brava, explosiva y gritona, supe que no quería seguir así, la tristeza de mis hijos luego de mis explosiones era algo que me partía el corazón. Cuando busqué ayuda en internet lo primero que encontré fue un desafío que proponía parar de gritar a los hijos y llevar la cuenta de los días sin gritos, me pareció que era justo para mí, entonces me hice una tabla con los días de la semana y cada día en que no había gritado me ponía una carita feliz. Al principio funcionaba y cada día no gritado era un verdadero logro que me enorgullecía, buscaba “tips” que me ayuden a contener mi furia y no puedo negar que llegaron a serme muy útiles por algunas semanas.

Durante ese tiempo pude darme cuenta de que existían otras formas de vivir mi maternidad y de educar a mis hijos, todos estábamos mas felices. Entonces quise conocer más, aprender más y empecé a encontrar libros y personas que me aportaron una nueva visión sobre la crianza.

Más tarde comencé procesos formales de formación, capacitación y crecimiento,  conocí la crianza consciente ya no sólo como una opción o convicción sino con todo el respaldo científico que hoy tiene.

Estos conocimientos abrieron mi mente y corazón a mundos que ni siquiera sabía que eran posibles al criar, transformó completamente mi modo de ver la crianza y de ver a mis niños. Me ayudó a quitarme tantísimos prejuicios que la sociedad me había puesto sobre “educar” a mis hijos , empecé a verlos con respeto, fui aprendiendo a empatizar con ellos, es decir ponerme en su lugar, recordar cómo me sentía yo cuando era niña y me trataban así, empecé a esforzarme por mirarlos con el mismo respeto con el que miro a mi hermana o a mis amigos, empecé a darme cuenta de que yo era más amable y paciente con mi vecina que con mis hijos, empecé a esforzarme conscientemente por tratarlos como trataría a cualquier adulto en la misma situación.

Un ejemplo que leí en uno de los libros me ayudó a mirar que si mi mejor amiga me visita y rompe
uno de mis jarrones, yo me desharía diciéndole “no te preocupes” “no pasa nada” “tranquila” “no hace falta que recojas, yo lo haré” y me empeñaría en que mi amiga se sienta bien y podamos seguir disfrutando de la tarde; PERO si mi hijo hubiese tenido exactamente el mismo accidente yo no hubiese sido tan amable, sino todo lo contrario. Dibujar este ejemplo en mi mente me conmovió profundamente, pude ir entendiendo que a los adultos que sí cuentan con recursos para solucionar sus problemas, nosotros solemos ofrecerles generosa y amablemente nuestra mano, pero a nuestros niños que no tienen todavía los recursos emocionales para superar sus dificultades les negamos nuestra ayuda e incluso agrandamos su pena con nuestros gritos y castigos y los dejamos bastante solos en su tristeza.

Cambiar mi estilo de crianza fue posible únicamente cuando comprendí en profundidad y con plena consciencia que la causa de los conflictos no era el comportamiento de mis hijos sino mi escasez de recursos para llevar una buena relación con ellos y para educarlos y enseñarles los límites desde el respeto y el inmenso amor que les tengo.

El desafío de dejar de gritar, fue importante porque fue la puerta que me abrió el camino hacia conocimiento sorprendente sobre mis niños y sobre su crianza. Descubrir esto me ha transformado mucho mas allá de mi maternidad, pero debo decir que el desafío por sí solo no es suficiente, o al menos a mí no me fue suficiente, el firme propósito de no volver a gritar, las autopromesas y el contar días, no alcanzan para conseguir una verdadera transformación de nosotras y de la vida que ofrecemos a nuestros niños.

Es indispensable educarse, leer, informarse, aprender, interiorizar, meditar, hacer introspección, reflexionar. ¿Por donde comenzar? No se cual sea el “mejor” camino, solo puedo decir que mi camino comenzó por la lectura de libros que rompen los viejos esquemas de crianza, pero la transformación profunda me vino a partir de un proceso de Coaching que tuvo el poder de llevarme a otro nivel, me ayudó a comprenderme tanto, a entender de donde me venían los gritos, la rabia, la impaciencia, pude ver claramente la tremenda escasez de recursos que tenía a la hora de gestionar los conflictos con mis niños, pude entender que había un gran abismo entre lo que yo daba a mis hijos y lo que ellos necesitaban. Me di cuenta que yo me agotaba haciendo tanto por ellos y en eso me consumía, sin parar a mirar que a lo mejor ellos no necesitaban todo eso, simplemente necesitaban a mamá un poco más calmada, más disponible, más feliz. Entendí que no se trata de “esforzarse” más, sino de entender qué es lo que ellos en verdad necesitan y que no. 

Pude ver que mis gritos salían en “modo automático” y entendí los porqués de ello, entenderlos me ayudó a controlarlos, poco a poco fui desactivando mis automáticos, fui siendo cada vez mas dueña de mí misma y de mis reacciones. Aprendí a escuchar a mis niños, no solo a sus palabras, sino también a sus gestos, a sus emociones y hasta a sus enfermedades y alergias. Mil veces fui testigo de que cuando mis hijos se “portan mal” es porque se “sienten mal”, desarrollé mi habilidad para detectarlo y gestionarlo a tiempo. Descubrí una inagotable fuente de recursos dentro de mí misma para disfrutar de la vida con mis hijos y para educarlos ya no desde los sermones, los castigos o los premios, sino desde las vivencias diarias, desde la armonía, desde la vida misma. Me transformé, dejé salir la luz que siempre estuvo en mí,  la descubrí, pude convertirme en luz para mis hijos, la vida se volvió más linda.
Tan poderoso fue el impacto de este cambio en nuestra vida de familia, que estudié y me capacité para poder llevar esta riqueza y equilibrio a tantas madres y padres que se sienten desbordados por la crianza y divididos entre el dolor que causan los gritos y el temor a no educarlos bien.

Todos somos diferentes, para cada uno sin duda el camino podrá ser distinto, pero de lo que estoy plenamente segura es que no basta con llenarse de tips y prometerse no volver a gritar, hay que ir mas allá, hay que crecer y aunque hacerlo cueste trabajo y tiempo, es hermoso y no sólo que vale la pena, VALE LA VIDA!!

Daysi Arcos
Coach de Familia e Inteligencia Emocional
Crianza Consciente y Respetuosa
WhatsApp  +593 998825873

Sesiones online y presenciales.
Cuenca.

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