domingo, 14 de agosto de 2016

LA DIFÍCIL LLEGADA DE UN HERMANITO

Cuando nació mi segunda bebé mi primer hijo tenía 3 años y 4 meses, y todo se me puso muy difícil, a mi hijo le costó mucho el nacimiento de su hermana y creo que a mí me costó todavía más. 

Mi hijo trataba con frecuencia de lastimar a su hermana, lanzaba cosas por todos lados, si la pequeña dormía él gritaba con más fuerza para despertarla, no colaboraba pero ni un poquito, uff!! En verdad que fue un tiempo muy duro para mí y hoy sé que fue mucho más terrible y fuerte para mi pequeño hombrecito. Yo lo reprendía todo el día, todos los días, ya no sabía qué hacer, con dolor debo reconocer que a veces sentía que ya no lo soportaba, a ese hermoso ser, a mi ángel, a la luz de mi vida, a esa personita a la que amo hasta enloquecer, a mi hijo, sentía en ocasiones que no lo soportaba mas y era horrible sentirme así. 

Pero una noche, en que yo sola estaba despierta en casa, pensaba y pensaba en todo lo que pasaba y en la medida que lo iba pensando me iba doliendo cada vez más, yo lloraba y lloraba y de repente la única expresión que salía desde lo mas profundo de mí era: “hijito de mi corazón… hijito… hijito de mi corazón” lo repetía y lo repetía con los ojos llenos de lágrimas, sin saber qué hacer, sin saber cómo remediarlo, pero segura de que no quería seguir así, no quería seguir viviendo así y lo que era más, no quería seguir dándole a él esa vida.  Busqué ayuda, poco a poco fui aprendiendo a EMPATIZAR con mi hijo, fui aprendiendo a ver a través de sus ojos, a entender cómo se sentía él y como estaba viviendo él esta dura época, pude entender que él lo único que necesitaba era mi atención, mi cariño, divertirse conmigo, ver cómo me sorprendo con sus dibujos o con sus enormes brincos, empecé a dedicarle amorosa atención, entendiendo desde lo más profundo de mí que mi hijo me amaba con todas sus fuerzas, con todo su ser y que le dolía que yo, el ser mas amado para él, no lo correspondiera con la misma intensidad.

Hoy puedo ver que me costó convencerme de que yo era tan radicalmente importante para mi hijo, creo que yo no creía que lo era hasta tal extremo y resulta que ¡sí! que para un niño no hay nada mejor que su madre.

Comencé entonces a poner prioridades, por ejemplo a no estresarme por los días que no podía terminar de arreglar mi casa, lo que hice pues bien y lo que no pues ni modo, así se queda, ventajosamente la casa no llora ni sufre; comencé a esperarlo ansiosa para la hora del almuerzo (medio día), a disfrutar de la comida con él, me di cuenta que podía comer y conversar con él mientras mi nena estaba en su sillita o en mis brazos, pero mi atención en ese momento iba hacia mi hombrecito; comencé a jugar con él en las tardes y también incluía a mi bebé en el juego cuando era posible y cuando no era posible, la colocaba en posición segura pero cerca de nosotros y ella también disfrutaba de nuestro alboroto y de nuestra bulla; comencé a poner música infantil divertida en mi compu y a bailar como loca con él, saltando, gritando, haciendo caras graciosas, cuanto reíamos los 3!!; comencé a salir al parque con mis 2 enanitos, comencé a salir a caminar un par de cuadras y comprar por ahí alguna golosina y algunas veces hacer un improvisado picnic, él lo disfrutaba y lo disfruta con toda la alegría que le cabe en su pequeño cuerpito; comencé a hacer manualidades y recetas de cocina con él; comencé a ser madre de 2 y a disfrutarlos a los 2. 

Cuán hermosa se volvió mi vida!!! desde ahí hasta ahora y, espero, hasta siempre. Cuán hermosa se volvió la vida que yo les doy a mis hijos!!  El cambio de mi hijo fue inmediato, desde el día mismo en que empecé a brindarle auténtica atención, desde ese día mi hijo fue otro. Ahí entendí esa famosa frase de “solo quiere llamar la atención” pues ¡¡¡CLARO!!! Eso quería, mi atención y yo no se la daba, y él en su pequeñez agotaba todos los recursos que le eran posibles para conseguirla, eso era todo lo que quería mi atención y también eso era todo lo que yo necesitaba darle, para sentirme la SUPERMAMÁ que hoy me siento. El truco y la clave de todo esto para mí ha sido la EMPATIA, ver las cosas como las ve él, tratar de entenderle, comprender que lo que para mí es una tontería para él en ese momento es lo mas importante del mundo, entender que mi hijo (ni ningún otro niño) llora JAMAS por majadero o por ganas de fastidiar, si llora es porque algo necesita y requiere de nosotros para lograrlo.

Ha sido un cambio que ha requerido mucha consciencia, mucha lectura, mucha introspección y reflexión constante, pero ABSOLUTAMENTE VALE LA PENA!!!

Daysi Arcos Argudo

CUANDO MIS HIJOS SEAN GRANDES

Cuando mi niña ya no me llame por que le asusta el león que sale en la tv, cuando mi niño ya no quiera preguntarme cuanto midió cada dinosaurio que pisó esta tierra, cuando mi nena ya no finja ser una gatita que maúlla por toda la casa, cuando mi hombrecito ya no me busque para preparar su leche favorita, cuando mi nena ya pueda abrir los caramelos por si misma, cuando mi niño ya no vuele por mundos prehistóricos  imaginando que su mascota es un espinosaurio, cuando mi princesita ya no quiera cantar los “5 monitos”  20 veces seguidas, cuando hacer las tareas escolares ya no sean parte de la rutina diaria, cuando los partidos de fútbol en medio de mi sala hayan terminado, cuando mi invernadero deje de ser una desordenada juguetería y vuelva a ser mi jardín florido, cuando ya no haya rayones en mis paredes ni juguetes por toda mi casa, cuando ya no tenga que limpiar sus caritas llenas de chocolate, mayonesa o azúcar, cuando por su propia cuenta elijan lavarse las manos antes de comer, cuando ya no tenga que explicarles lo nutritiva que es la coliflor, cuando por su propia cuenta elijan ensalada en lugar de papas fritas, cuando yo pueda volver a ver mis programas de tv y ya no me sepa de memoria la programación de canales infantiles, cuando hayan terminado las visitas al pediatra, cuando lleguen mis primeros prospectos de nueras y yernos, cuando ya no hayan en mi casa vocecitas gritando “mami” cada cinco minutos, cuando mi esposo y yo al fin volvamos a tener “nuestro espacio”, cuando al fin mi esposo y yo podamos salir a comer o al cine y realmente podamos comer o ver, cuando yo deje de ser la persona favorita de mis niños y prefieran pasar sus días con otra compañía, cuando ya no quieran salir conmigo hasta cuando voy a la esquina, cuando ya no quieran dormir totalmente abrazados a mí, cuando su mayor alegría en la escuela ya no sea verme llegar, cuando ya no tenga que correr detrás de ellos para peinarlos o cambiarlos, cuando  su vida ya no gire en torno a mi y a su papá….. cuando todo esto haya pasado entonces sabré que mis niños han dejado de ser mis niños, siempre serán míos y mi corazón siempre será suyo, pero ya no serán mis pequeños… habrán crecido…

Y cuando eso pase, quiero que estén listos para ser personas plenas y felices. Ahora que son niños quiero hacerles saber que cuando necesitan algo tienen todo el derecho a pedirlo y que yo estoy gustosa de atenderlos, que cuando no obtienen lo que quieren siempre pueden explicar porque lo quieren, que cuando la respuesta es un “no” y ellos no están de acuerdo siempre pueden recibir una explicación en lugar del “sí”. Quiero que sepan que yo entiendo y respeto sus emociones y sentimientos, quiero que sepan que todas las emociones son permitidas pero que de mi mano aprenderán a expresarlas y manejarlas, quiero que sepan que no hay necesidad de negar los sentimientos, que expresarlos los ayudará a usarlos en su favor, quiero que aprendan que cuando han cometido un error yo no estaré ahí para juzgarlos ni castigarlos, sino para entender porque lo hicieron y mostrarles como hacerlo mejor la próxima vez, así espero que aprendan a ser tolerantes con los errores de los demás, a ser empáticos con quienes se relacionen en su trabajo, en sus estudios, en su nuevo hogar; quiero que siempre sientan que mamá y papá los respetamos y amamos tanto que nunca tendrán porque conformarse con nada menos que eso, que nunca se conformen con migajas del amor de nadie, que cuando elijan su pareja no se conformen con quien no los ame lo suficiente o no los trate con el amor, respeto y empatía con que siempre han sido tratados; pero también que sepan amar, respetar y empatizar, que sepan dar la vida por quien aman  y que sientan en su alma la alegría inmensa de amar sin límites; que no teman equivocarse, que hayan aprendido que los errores son parte del aprender; que siempre sean capaces de decidirse por aquello que su alma y corazón desean y que además sean lo suficientemente reflexivos para reconocerlo; que nunca tengan miedo de ser lo que quieran ser, que no tengan miedo de lo que el mundo pueda opinar, porque en casa siempre han sido amados y valorados así como son y por lo que son.

Quiero que recuerden  unos padres felices, unos padres que rieron con ellos, que se botaron al piso con ellos, que se convirtieron en tiranosaurios y libraron una guerra contra un feroz y pequeño espinosaurio, unos padres con los que pasaban hermosas tardes de parque, pelota, películas, cocina o arte, unos padres que entendieron y manejaron sus berrinches con respeto, unos padres que cuando decían “no” siempre tenían una razón para hacerlo y la explicaban con cariño, unos padres que siempre les brindaron los mas cálidos y profundos abrazos, los mas pegajosos besos, que contaban los mejores cuentos y escuchaban las mas locas historias, que se sorprendían con sus dibujos, con sus altísimos saltos, con sus pasos de ballet o con su habilidad para trepar como arañas por los muebles de la sala, unos con los que improvisaron picnics en el patio de la casa o en el parque del vecindario, unos padres que cuando se equivocaron no dudaron en pedir perdón.

Quiero que cuando recuerden su infancia sientan que fue feliz, que fue plena y que fueron amados cada día y quiero que cuando a ellos les toque el turno de encontrarse con su maternidad y paternidad tengan el corazón tan rebosante del amor y la empatía que recibieron en su niñez, que sea ese el único camino que conozcan para criar a sus propios hijos. Así habré trascendido en la humanidad entera, así sentiré que mi legado seguirá llegando una generación tras otra, así sabré que la misión mas importante de mi vida: ser madre, habrá sido bien cumplida, así podré cambiar el mundo y lo deseo con todas mis fuerzas, porque estaré cambiando el mundo a través de lo que más amo en esta vida: mis hijos!!


Daysi Arcos Argudo

miércoles, 17 de febrero de 2016

CONFLICTO ENTRE HERMANOS

Ayer mi niño estaba en un arranque de fogosidad, totalmente revuelto, volcando toda su energía sobre su hermana, en un modo tal que conseguía fastidiarla hasta el llanto. Yo detrás de él tratando de calmarlo y sin conseguirlo, intenté abrazarlo, contenerlo, distraerlo, pero nada funcionaba; llegué al borde, al filo del grito, a la línea de mi propia explosión de rabia y frustración; me contuve, pensé: “saca algo bueno de esto, ayúdalo a pensar”…. Respiré… repasé mis herramientas de Coach… respiré otra vez…

Yo: Mati, ven aquí, siéntate conmigo (al filo de una grada). ¿Que harías tú, si ahora mismo estuviese aquí un niño molestando y haciendo llorar a tu hermana?
Mati: Le mandaría fuera de casa, haría que se vaya y que no vuelva mas
Yo: ¿Para qué harías eso?
Mati: ¿Para que no moleste a mi hermanita y mi hermanita no llore?
Yo: ¿Te gustaría que a tu hermanita nadie la moleste y que no llore?
Mati: SI
Yo: ¿Crees que tu hermanita ahora mismo tiene algún problema que la hace llorar?

Se abrieron sus ojos, su rostro se iluminó como se ilumina quien ha descubierto algo nuevo, quien ha visto algo que hasta ese momento no vio. Se levantó, no quiso escuchar más, con sus manos me hacía
señas para que yo no dijera nada mas, no quería escuchar mas, no necesitaba escuchar mas. Se fue, después de pocos pasos regresó a abrazarme, corrió donde su hermana, con un beso se disculpó y continuó con su juego, esta vez respetuoso sin invadir el espacio de ella, felizmente se desplazaba por toda la casa, corría convirtiendo matamoscas en aviones, volando en su imaginación y derrochando energía, vida y luz. Y yo… ¡¡¡deslumbrada!!! Mirándolo fascinada, orgullosa de él, pero en esta ocasión, sobre todo orgullosa de mí!! ©©

Daysi Arcos Argudo

sábado, 30 de enero de 2016

¿QUÉ HAGO PARA QUE ME OBEDEZCA?

Cuando converso con algunas madres y algunos padres que están sinceramente preocupados por hacer el mayor bien posible a sus hijos y comentamos sobre el trato y consideración que los niños merecen y que son parte inherente de una crianza consciente y respetuosa, siempre surge una pregunta del lado de mis interlocutores: ¿pero y a qué hora los educas? ¿cómo les enseñas lo que está bien y lo que está mal?

Esta es sin duda una preocupación legítima de los padres, siempre nos han dicho que el mejor legado que les podemos dejar a los hijos es una buena educación y es verdad. El problema es qué es aquello que consideramos “educación”. En la mayoría de casos el concepto de educación viene dado por lo que a nosotros nos enseñaron y básicamente por la forma en que a nosotros nos “educaron”.

Para verlo mas claro, hagamos un pequeño listado de algunas de las características que tendría un niño al que generalmente consideramos educado:

  • Obedece siempre a sus padres
  • Obedece a sus maestros y otros adultos de su entorno
  • Saca buenas calificaciones
  • Hace todos sus deberes
  • Colabora en las tareas de casa
  • Comparte sus juguetes con todo el vecindario
  • No pelea con sus hermanos
  • Es amable y cordial con todas las personas
  • Come todo lo que se le sirve
  • Es independiente



Si con una mirada serena pero muy honesta, profundamente honesta, nos detenemos a observar y desmenuzar cada una de estas “virtudes” podremos descubrir que todas ellas tienen una cosa en común: facilitan la vida del adulto.

Hablemos hoy de la obediencia.

Estas características son consideradas virtudes o señales de ser “educado” porque el niño que las cumple dará muy pocos dolores de cabeza al adulto que los cuida. Así el niño que obedece siempre, será un encanto a la hora de pasar tiempo con él, porque si le digo “ven” viene, “tráeme esto” lo trae, “cállate” se calla, “siéntate” se sienta, “come” pues come. Para ser sinceros, cualquier persona de cualquier edad que tenga tal grado de docilidad ante nuestros pedidos, nos resultaría bastante útil. Sin embargo ante un niño tan obediente, cabe preguntarse ¿por qué obedece? ¿realmente obedece porque es muy educado? ¿y qué es estar educado? ¿estar educado es sinónimo de obedecer? Yo en lo personal no lo creo, porque los adultos rara vez somos “obedientes” y es más entre los adultos pocas veces nos damos órdenes; y cuando aparece alguien que es muy mandón y se pasa la vida dándonos órdenes, lo aborrecemos, nos fastidia, no goza de nuestra simpatía (ayyy que opinarán nuestros hijos de nosotros!); entre adultos nos pedimos las cosas de favor. Y cuando nos topamos con un adulto sumiso que nunca es capaz de decir que no, que se esfuerza por complacer a todo el mundo, que no tiene opinión propia y todo lo hace y dice en función de los demás, no consideramos exactamente que sea alguien “muy educado”, mas bien solemos calificarlo de tonto, sumiso, mandilón y mas. De hecho, tan poco deseable es la obediencia en la vida adulta, que con frecuencia damos y recibimos consejos del tipo: “no dejes que te mangonee” “que no te domine” “te está manipulando, no le hagas caso” “haz lo que tu quieras, no lo que ellos te dicen” “no tienes por qué hacer todo lo que dicen tus amigos” “si tu novia no quiere venir que no venga, pero ven tu”.

Todos estos consejos, que muchos de nosotros hemos dado y recibido, reflejan que no consideramos aceptable que una persona se deje dirigir por otra y que lo deseable es que cada uno haga lo que desea hacer. Aunque nos cueste reconocerlo la verdad es que muchos, muchísimos, de nosotros con más frecuencia de la que quisiéramos admitir hacemos nuestra vida en función de lo que otro quiere, de lo que otro opina, de que otro nos aplauda, de que otro nos admire, de que otro nos pague, de que otro nos dé un ascenso o un aumento, de que otros nos vean… lamentablemente casi a diario la motivación para varias de nuestras actividades y decisiones está allá, afuera de nosotros, en el otro! y muy pocas veces esa motivación está donde debería: adentro de nuestro ser, ardiendo en nuestro interior.

¿Y por qué está en el otro? porque desde siempre, desde nuestra mas tierna infancia estuvo ahí: afuera de nuestro ser. Para ordenar nuestra habitación la motivación era que mamá no regañe, para hacer las tareas la motivación era que la maestra no se enoje, para no pelear con los hermanos la motivación era que papá no castigue, y hasta hemos llegado a extremos absurdos en los que hemos ido contra la naturaleza propia del ser humano, por ejemplo: para comer la motivación no era el hambre, sino la motivación era no escuchar los gritos de mamá o papá; para ir al baño la motivación no era el natural deseo de evacuar, sino el deseo de mamá de tener al niño sentado por horas en la bacinica.



En este punto hago una reflexión ¿por qué nos pasamos la vida tratando de ser aprobados por los demás, tratando de impresionarlos y de que nos quieran? ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo que nuestro corazón desea hacer? ¿por qué terminamos permitiendo que otros nos dirijan? ¿por qué hacemos con frecuencia, lo que hace la mayoría?. En mi opinión por dos razones: porque como ya lo he dicho, desde muy tiernos hemos aprendido a hacer lo que nos dicen que hagamos (porque hay que ser educados) y porque esa sumisión hace que poco a poco ya no seamos capaces de detectar nuestros propios deseos, nuestras auténticas vibraciones, nuestras naturales pasiones, hemos debido callarlos, ponerles mute porque estaba prohibido hacer “lo que me de la gana”, había que hacer solo aquello que los adultos permitían, después de todo era para “nuestro bien”.

Pero la verdad yo no le encuentro mucho bien a la generación de adultos que hoy tenemos y que hemos tenido desde hace un montón de generaciones y no voy a irme a los casos alarmantes de ladrones, asesinos, traficantes y demás (que sí que los hay y preocupan), pero quiero quedarme en el común, en esa mayoría a la que todos consideramos que pertenecemos; y lo que veo es gente que no sabe que quiere en la vida, que cuando llegó a la universidad no sabía que carrera coger porque no lograba escuchar sus propias vibraciones internas, que cogió la carrera con mas mercado laboral o aquella a la que fueron sus amigos o pareja, que tiene un trabajo que no los satisface, que lleva una vida con la que no es feliz, que no es capaz de pararse y tomar decisiones, que no hace cambios, que se resigna, que está convencida de que la vida es dura, que no es capaz de luchar por lo que quiere, que vive sin sueños, sin capacidad de hacerse dueños de su destino; algunos lo disimulan muy bien y dentro de sí cargan frustraciones que luego se les salen por los poros cuando se convierten en padres o cuando asumen un matrimonio; otros caminan por la vida notoriamente depresivos; otros ni siquiera son conscientes de que podrían hacerse dueños de su vida; con una sola cosa clara: la culpa es de otros, del sistema, del jefe, de la economía del país, de la suegra, de la pareja, de los amigos, de quien sea… menos de sí mismos ¡y cómo va a ser nuestra culpa si no hemos aprendido a ser dueños de nuestras decisiones! ¡si nunca nos han dejado decidir! ¡si siempre nos dijeron que hacer! ¡si cuando queríamos hacer lo que se nos antojaba éramos unos atrevidos, desobedientes y majaderos! ¿cómo? Si siempre nos direccionaron y nos dijeron qué y cómo hacer. Cómo vamos a hacer con nuestra vida lo que nosotros queramos, si ya no sabemos que es lo que queremos porque nunca nos dejaron escuchar a nuestros propios impulsos.

Entonces, si la obediencia es tan poco útil en la vida adulta ¿por qué se la exigimos tanto a nuestros niños? Porque nos facilita la vida a los adultos, ¡eso es todo!

Consideramos educado al niño que no da problema, al que no rechista, al que no se queja, al que no pelea por defender sus ideales (entiéndase juguete, golosina, jugar un rato mas, etc), al que siempre cede su puesto al otro y siempre “comparte” (entrega a otro) sus juguetes. ¿y por qué esto nos resulta tan deseable? Porque así los adultos no tenemos ningún conflicto que resolver, total que ya bastante tenemos con nuestros propios problemas.

Si nos fijamos, esto que exigimos a los niños no es lo que deseamos en nuestra sociedad adulta; por ejemplo: cuando un gobierno abusa de su poder, no se desea que el pueblo permanezca impávido aceptando los excesos de los gobernantes, al contrario los pueblos y colectivos que se han levantado en pie de lucha por sus derechos han conseguido reivindicarlos. A todos nos indigna cuando nuestros gobernantes aprovechando de su posición de poder nos perjudican y nos ponen a complacer sus poco democráticas decisiones. A todos nos indignan los regímenes autoritarios en donde los gobernantes toman decisiones sin mirar las auténticas necesidades de su pueblo. Son aquellos gobiernos democráticos que toman decisiones mirando el bien común y satisfaciendo las necesidades mas acuciantes de su gente, los que se ganan el respeto, gratitud y voto de sus gobernados. Y son aquellos que se atreven a levantar la voz y exigir lo que les corresponde quienes se convierten en líderes.

Entiendo que llegados a este punto, muchos padres puedan preguntarse lo que dije al inicio ¿entonces cómo lo educo? Yo respondería: ¡con amor! ¿Cómo conquistaste a tu pareja? ¿a puro grito y órdenes? Estoy segura de que no, generalmente cuando nos enamoramos tratamos al otro con respeto, con detalles, con momentos preciosos, con tardes de risas y salidas al cine, con días de campo y noches de películas, con chocolates y flores, con una tarjeta hecha a mano, con una caminata o un paseo en bicicleta, con viajes y días de playa, con conversaciones sinceras, con interesarte en sus problemas y en sus gustos, con escucharle, con hacerle ese regalo que tanto deseaba, con besarle antes de dormir, con abrazos, con caricias, con respeto hacia las cosas que no quiere hacer, con una resolución paciente y amorosa de los conflictos, con negociaciones para resolver un problema de modo que ambos ganen, con flexibilidad en tu agenda para compartir tiempo juntos, con amor a la hora del enojo, con respiraciones profundas que te permitan calmarte antes de actuar, con un abrazo en los momentos de llanto, con una palabra de consuelo cuando las cosas no salen como se quería, con una caricia cuando no se puede tener aquello que tanto se desea, con interesarte en las cosas y personas que le interesan, con una consciencia clara de que no hay razón para tener los mismos intereses pero sí para respetarlos...

¿Y si estas mismas actitudes las llevamos a la crianza? ¿y si damos este trato a nuestros hijos?... ¿qué reacción esperarías de ellos? ¿qué aprenderían ellos de ti? ¿qué absorberían tus hijos? ¿qué iría quedándose en ellos para su vida adulta? ¿qué recuerdos tendrían de ti cuando crezcan? ¿crees que esto podría convertirlos en unos patanes maleducados?

Si gustas, vuelve a leer la lista anterior esta vez pensando en tus hijos y toma nota de las ideas que te surjan del corazón para tu vida con ellos.

Claro que yo también quiero hijos educados, pero no creo, ni quiero, que la obediencia sea parte de los valores que imparto a mis hijos, porque no considero que a ninguna edad un ser humano deba ser obediente a otro ser humano. Si hoy mi marido me dijera: “cariño, a partir de hoy quiero que me obedezcas en todo lo que te pido” seguramente que nuestra relación entraría en crisis, ya no sería una relación igualitaria en la que ambos podamos amar y ser amados.

Discrepo con la obediencia por que anula los sentimientos y deseos de los niños y únicamente impone la voluntad de los padres. Elijo una educación en la que ellos son amados y respetados, en la que yo escucho sus puntos de vista y sus intereses, una educación en la que conversamos para llegar a acuerdos  y consensos, una educación en la que hacemos una negociación justa para todos: –“ven a comer” –“estoy jugando mami” –“¿en cuánto tiempo terminarás?” –“en 10 minutos” –“¿podrías, por favor, terminar en 5 minutos, lavarte las manos y venir a comer?” –“mejor en 8 minutos” –“si vienes en 8, talvez el tiempo no nos alcance para lo que hemos planeado hacer” –“está bien, en 5”.  Es un ejemplo en el que no hay una imposición, lo que hay es una negociación y una explicación de porqué necesito que venga en 5 minutos y no en 8 ni en 10; los niños tienen derecho a recibir explicaciones y argumentos y no una orden simplemente porque sí. Cuando les explicamos ellos comprenden nuestra necesidad y colaboran con lo que se les pide, al igual que nosotros (no somos tan diferentes), y no hay una anulación de sus intereses como podría ser en caso de que: “ven a comer” –“estoy jugando mami” – “¡¡que vengas a comer te digo!!”… aquí no hay lugar para el diálogo, aquí el niño no puede explicar sus deseos o razones, aquí la madre ha “ganado” abusando de su poder y el niño ha tenido que someterse a su voluntad, aquí la madre nunca se enterará de lo que el niño en ese momento piensa y siente, de lo que ha generado en él su imposición arbitraria y de cómo ha perjudicado la relación con su hijo; por el contrario estará orgullosa de “hacerse obedecer”; no tiene idea de cuánto ha perdido.

Creo en que hay que educar a los niños, pero desde el amor, creo que los niños deben colaborar con sus padres, pero yo prefiero que colaboren conmigo porque me aman y no porque me tengan miedo. Esta colaboración surge en los niños de manera espontánea, no hace falta imponerla, ellos solos en la medida que su edad les va permitiendo, empiezan a copiar la cordialidad con que sus padres les tratan. Que no se nos olvide, nuestros hijos aprenden con el ejemplo y si nos ven siempre tratarles con respeto y cariño ¿qué otra cosa podrían aprender?

A esto agrego que hay que comprender y respetar la edad del niño y las características propias de cada etapa, no puedo esperar que un niño de 4 años lave la vajilla luego de la cena, ni puedo esperar que mi hija de 3 años no tenga una rabieta cuando al pasar por una juguetería quiere un juguete que yo no puedo pagar, es de esperar que mi hija estalle y que llore a pulmón lleno, pero no por eso puedo decir que mi hija es una niña “mal educada”, ¡¡claro que no!! Simplemente es una niña de 3 años que desea con todas sus fuerzas un juguete y al no poder conseguirlo, reacciona de la única manera que su edad se lo permite. Impedir esa reacción de mi hija sería prohibirle expresar sus emociones y ese es otro tema que nos agobia de por vida cuando nos lo han hecho, y además impedir que grite y llore es también comodidad para el adulto que no quiere pasar un mal rato o pasar vergüenza. Elijo dejarla expresarse en la manera que necesite, yo la acompaño, estoy con ella en su frustración y la comparto,
no puedo ofrecerle ese juguete pero sí mi abrazo, mi contención, llorará mientras lo necesite (no va a llorar todo el día) y en cuanto pase de la cólera a la aflicción se aferrará a mí, nos abrazaremos, encontraremos algo de que reírnos y podremos continuar con nuestro camino. ¿Qué aprendió mi hija? Que mamá la ama, que mamá está ahí, que mamá no puede darle todo lo que pide pero siempre siempre siempre puede darle todo su amor y que nuestra relación sigue intacta aún después de haber tenido que decir un no…. Aquí aclaro que procuro decirles a mis hijos la menor cantidad de NO que me sea posible, después de todo a mí no me gustaría que mi marido, mis jefes o mis amigas se la pasen diciéndome NO a cada cosa que pido.

Cuando la crianza se ve colmada de amor, de buen trato, de respeto, de trato igualitario hacia nuestros hijos, la educación es la suma de todo esto, y un ser humano con todo esto incorporado en su SER, no puede ser otra cosa más que un ser bellamente educado. 

Daysi Arcos Argudo
daysiarcos@gmail.com

jueves, 28 de enero de 2016

COACHING... ¡Bienvenido a mi vida!

Conforme he ido avanzando en mi certificación en Coaching Familiar e Inteligencia Emocional, he ido descubriendo en el coaching un tesoro escondido, o al menos escondido para mí, pues hasta hace poco no sabía nada del tema. Si escuchaba “coach” me imaginaba a un entrenador de baseball y se acabó! Hoy sé que el Coaching no tiene nada que ver con el ámbito deportivo, aunque por supuesto que también resulta útil en él.

Una de las primeras cosas que aprendí es que quien brinda el servicio de coaching es el Coach y quien lo recibe es llamado Coachee.

Lo que mas me ha cautivado del coaching es su poder para ayudar a una persona a salir de situaciones que le causan dolor, frustración, enojo, conflicto en las relaciones familiares, conflicto en la crianza, conflicto en las relaciones de pareja, desacierto, confusión, desorientación,  desmotivación, tristeza... pero la ayuda a salir por su propio pie, con sus propios recursos, la empodera, la independiza, la libera y con esto viene una alta dosis de nutrición para la autoestima.

Me cautiva ver que en los procesos de coaching no se crea una dependencia del Coachee a su Coach, como muchas veces he visto suceder en diferentes terapias, sino que el Coachee es quien encuentra las herramientas y caminos que le son útiles a sí mismo, y que no tienen porque serle útiles a nadie más. El coaching no es una sábana de consejos, sino un amplio campo lleno de posibilidades que el coachee aprende a mirar por sí mismo, con sus propios ojos y demás sentidos y por el que aprende a caminar, correr, volar con sus propias habilidades.

El valor que el Coachee descubre en sí mismo a través de este proceso es tal, que en el futuro podrá descubrir su ruta de salida y solución con sus propios recursos internos, encontrando cada vez con mayor certeza su valía, su poder, su preciosa intuición, sus propias armas y con ello se va haciendo capaz de proporcionarse una vida mas acorde a sus deseos y liberándose de los deseos y ataduras de otros o del entorno o de las circunstancias.

Tampoco quiero decir que es mágico ni mucho menos, pues depende total y absolutamente del grado de compromiso y acción que coach y coachee tengan con el proceso. No hay magia, no claro que no, lo que hay son maneras para descubrir el camino único que cada individuo necesita recorrer para llegar a su realización.


Al término de cada módulo me ayuda siempre recoger las ideas y sabores con los que me quedo:

© Que TODOS absolutamente TODOS tenemos dentro un tesoro de herramientas para hacer plena nuestra vida
© Que el coaching puede darnos el mapa para llegar hasta ese tesoro
© Que cada ser posee las soluciones a cada situación que enfrenta y que un buen coach acompaña en el camino a encontrarlas
© Que el coaching es una relación basada en la confianza, la confidencialidad y el respeto mutuo
© Que en este proceso Coach y Coachee trabajan juntos para lograr los objetivos que sólo el Coachee define
© Que es necesario escuchar sin juzgar, interpretar ni distorsionar.
© Que si estás escuchando y haciéndote preguntas dentro de tu cabeza al mismo tiempo, entonces en realidad no estás escuchando la experiencia de la otra persona, sino la estás utilizando para activar tus propios recuerdos, tu propia experiencia.
© Que para empatizar es necesario separarte por un momento de tus ideas, pensamientos, sentimientos, valores y juicios para conectarte totalmente con los de la otra persona. (Esto aplica también con los hijos)
© Que es fundamental respetar los valores y creencias del otro, aunque no los compartas
© Que para comprender al otro no basta escuchar lo que dice, sino también como lo dice
© Que el coaching funciona únicamente si coachee y coach están comprometidos con ello
© Que las personas podemos sorprendernos con las respuestas que podemos encontrar dentro de nosotros
© Qué las soluciones que nosotros mismos encontramos son las que más nos sirven y con las que más cómodos nos sentimos. La solución que fue la mejor para mi  vecina con un problema parecido al mío, no siempre es la mejor solución para mí.
© Me he convencido de que el Coaching puede cambiar significativamente el panorama de las personas y colocarlos en mejores posiciones para resolver los asuntos mas acuciantes de sus vidas

Desde hace un buen tiempo que florece en mí el deseo de aportar mi parte para mejorar nuestro mundo y sé que quiero hacerlo desde la crianza, de hecho me encantan los resultados que he ido consiguiendo en mi entorno, principalmente en mis hijos; estoy convencida de que el día en que todos veamos a la crianza bajo el lente del respeto, la empatía, la conexión, la comprensión de necesidades y el amor en su mas grande dimensión, estaremos entonces formando nuevas generaciones capaces totalmente de transformar el mundo!! 

Ahora veo en el Coaching una herramienta poderosa para continuar con este granito de amor que aporto al mundo y siento mucho entusiasmo por empezar a practicarlo lo antes posible. ©©©


Daysi Arcos Argudo

jueves, 12 de noviembre de 2015

CRIANZA CONSCIENTE ¡SÍ, LA QUIERO!


Hoy vengo a contarles sobre mi segunda semana en mi certificación en Coaching Familiar e Inteligencia Emocional; este módulo me enamoró desde su título “EL ORIGEN. Crianza Consciente, respetuosa y con apego seguro” y vaya que describe muy bien a todo el contenido que trajo consigo, cuantos recursos, cuanto material precioso y ¡organizado! Toda una joya para mí, que hasta ahora anduve un tanto caotizada entre tanto material que te encuentras en la web.
Quiero compartirles algunas de las verdades que me quedaron reveladas y grabadas en el corazón luego de trabajar esta segunda semana:
♥ Que como madre necesito prepararme para descubrir y desarrollar el talento creativo de mis hijos.
♥ ¡Que la creatividad es mucho más que arte! Que los ayudará a ser resolutivos en su vida, a abrirse nuevas oportunidades, a reinventarse con cada caída, a transformar su vida cuantas veces sea necesario, a elegir vivir plenamente pase lo que pase. Pero ¡¿quién no quiere esto para sus hijos?! Yo lo deseo tanto, pero tanto.
♥ Que existen caminos para potenciar los recursos que todos tenemos, en particular mis hijos y también yo!
♥ Que las personas, y en particular los niños, tienen necesidades cognitivas y emocionales, y que urge que los padres las conozcamos para entenderlas, para catalogarlas como lo que son, para enterarnos de que no tenemos hijos malcriados, hiperactivos, vagos ni tontos. Y todo esto para poder satisfacer esas necesidades y dar a nuestros hijos no lo que nosotros creemos mejor sino lo que ellos necesitan.
♥ Que existen diferentes inteligencias, que el que es bueno en matemáticas no es mas inteligente que un buen deportista, que todos poseemos todas las inteligencias: musical, corporal – cinestésica, intrapersonal, interpersonal, naturalista, lingüística, lógico – matemática y espacial. Pero que destacaremos en aquella para la que la genética nos haya potenciado, que es posible entrenarla y que se desarrollará tanto como nos empeñemos en lograrlo.
♥ Que quiero detectar claramente las inteligencias potenciadas de mis hijos y acompañarlos en el camino que les permita entrenarla.
♥ Que la inteligencia no es “de nacimiento”  sino que se trata de detectarla y ejercitarla.
♥ Que es importante que los padres favorezcamos los procesos de aprendizaje de nuestros hijos de acuerdo a sus propios ritmos y a la inteligencia que los apasione.
♥ Que los padres podemos ser proactivos: capaces de tomar conciencia de la propia conducta y de la conducta del niño o niña, controlar la situación desde el respeto, guiar hacia el aprendizaje, no culpar al niño, al ambiente, al sistema o al abuelo; asumir la responsabilidad de lo que suceda, provocar un ambiente familiar sano y respetuoso, siempre desde la empatía y el buen diálogo y no desde la imposición ni el autoritarismo.
O que podemos ser reactivos: criticar las acciones de nuestro hijo o hija, gritarle, insultarle, ponerle nombres, compararlo, desesperarse ante situaciones de conflicto en vez de tomar el control  guiando el momento hacia la solución y un aprendizaje. Somos reactivos cuando no les damos el tiempo, atención y conexión suficientes; cuando en vez de potenciar a nuestros hijos y a su autoestima, minimizamos su valor, les provocamos culpabilidad, soledad, resentimiento, ira interna, trastornos de personalidad, baja autoestima, lejanía, desconfianza, temor, timidez, miedo, tristeza y angustia.
♥ Que quiero elegir conscientemente ser una madre proactiva y no reactiva.
♥Que es fundamental tomar consciencia de nuestras propias necesidades emocionales y atenderlas, para así poder disponernos adecuadamente a atender las de nuestros hijos.
♥ Que el manejo de nuestras emociones (adecuado o no) determina nuestra calidad de vida.
♥ Que no es lo mismo una frustración que un conflicto y que necesitamos reconocerlos, empoderarnos y solucionarlo.
♥ Que mi nivel de responsividad (capacidad de respuesta adecuada a las necesidades de mis hijos)  es determinante en su desarrollo.
♥ Que quiero llevar todo esto a la crianza de mis hijos, a nuestro día a día y fomentar el desarrollo de su creatividad, ayudarlos a descubrir sus talentos, entrenar su inteligencia y ofrecer espacios, recursos y materiales para lograrlo.
♥ Que quiero desarrollar mi inteligencia emocional y ayudarles a mis hijos a hacerlo.
Estoy en un proceso de profunda de toma de consciencia, mirando a detalle nuestra realidad y diagnosticando nuestra situación. Ya quiero avanzar a los siguientes módulos para saber como plasmar todo esto en nuestras situaciones cotidianas. Ya les contaré!
Aquí les dejo el enlace al curso y a la web de Identia para quien interese.

lunes, 9 de noviembre de 2015

LAS MADRES NO SOMOS BUENAS

Que urgente es que las madres salgamos del rol social que se nos ha asignado de "buenas e incondicionales madres", no es que no queramos serlo o que no amemos a nuestros hijos, pero estas etiquetas tan bonitas nos impiden considerar el hecho de que realmente podemos estar haciendo daño a nuestros hijos.

Hoy me he puesto a reflexionar mucho sobre lo que las madres creemos que somos y lo que somos en verdad, y con asombro descubro que es algo universal, que nos llega a todas, que nadie “se salva”. Hay definitivamente una diferencia grande entre lo que se dice de la madre y lo que la madre auténticamente es.

Que si el “instinto materno”, que si el “amor de incondicional de madre”, que “el amor de madre todo lo puede”, que “como la madre ninguna” y muchos más. Pero la verdad es que las madres venimos de infancias en las que con altísima frecuencia estuvimos muy lejos de recibir lo que necesitábamos. Sin embargo la historia, la religión, la moral, la opinión social y nuestro propio sentimiento de “hago lo mejor que puedo” prohíben hablar de los errores de la madre. Históricamente las madres quedamos muy bien paradas y somos, generalmente, las heroínas de cada batalla, ¡nadie como nosotras!.

Sería interesante que los niños tuviesen la madurez, la comprensión de los hechos y el léxico suficiente para poner en palabras el modo en que sus madres los hacen sentir día a día,  cada vez que el niño no cumple con las expectativas de la madre. Sería interesante también que un niño pueda explicar todas las formas en que su madre no satisface cada una de sus necesidades: apego, contacto físico, ritmo de aprendizaje, ritmo de desarrollo, juego, resolución armoniosa de conflictos, etc. Así las madres recibiríamos un feedback y podríamos ver que nuestros hijos reciben bastante menos de lo que nosotras creemos que damos. Tal cosa no es posible, los niños no entienden con claridad lo que les sucede, no pueden explicarlo, para ellos el amor de su madre es lo mas importante del mundo y jamás se atreverían a juzgarlo. Pero lamentablemente eso que no se dice y que hasta incluso creemos que se olvida, jamás se va, se queda y se queda para siempre en nuestros niños y condicionará en modo absoluto el adulto en que se convertirán.

Los niños no pueden poner palabras a lo que sienten, ni pueden explicar a su madre como necesitan ser cuidados. Pero nosotras, madres, mujeres adultas, sí que podemos recorrer nuestra historia, recordar nuestra infancia y revivir como nos sentíamos cuando nos “educaban” con “firmeza y disciplina”, nosotras sí que podemos traer de vuelta a la niña que fuimos y mirar con honestidad como nos sentíamos con el trato recibido y si eso que nos daban realmente nos satisfacía, nos gustaba o nos hacía mejores personas. No todo tiempo pasado fue mejor.

Es tiempo ya de que las madres abramos los ojos, que nos bajemos del pedestal de buenas, amorosas y preocupadas madres, porque la verdad es que no lo somos, la verdad es que nos cuesta detectar las necesidades de nuestros hijos, la verdad es que con frecuencia ni siquiera sabemos que les pasa, la verdad es que estamos seguras de que “nos ha tocado” un hijo difícil, la verdad es que nos cuesta contener un grito, la verdad es que aveces cedemos ante nuestros impulsos y hasta soltamos golpes, la verdad es que aveces creemos que “no les pasará nada si lloran”, la verdad es que nos han convencido de que “en una mano la miel y en otra la hiel”, la verdad es que casi nunca pensamos en SUS necesidades y nos quedamos en las nuestras: “necesito que arregles tu habitación” “necesito que saques buenas calificaciones” “necesito que me obedezcas” “necesito que no hagas berrinche” “necesito que te comas todo” y un sinfín de obligaciones que les hemos dado. Con frecuencia creemos que todo esto es por SU bien, pero la verdad es que ni siquiera nos hemos detenido a pensar si realmente es así, “¿qué pasa si hoy no te comes todo?” “¿qué pasa si ordenamos juntos tu habitación?” “¿qué pasa si hoy no la ordenas?” “¿para qué te servirá dentro de 15 años sacar hoy un 10 en mate?” “¿cómo te sientes cuando te pido a gritos que me hagas caso?” “¿qué razones tienes para no hacer lo que te pido?”….

El punto es que nosotras “buenas madres” seguimos repitiendo con nuestros hijos lo que hicieron con nosotras cuando fuimos niñas y como nos convencieron de que eso era para nuestro bien, entonces queremos ese mismo “bien” para nuestros hijos, porque tenemos el deseo sincero de educarlos y que sean buenas personas. Pero ¡OYE! ¡ALTO! ¡PARA!, antes de repetir el patrón con el que te criaron te has preguntado: ¿de verdad esta es la manera de “educarlos”? ¿de verdad es mejor decirlo a los gritos que con cortesía? ¿de verdad fui una niña feliz cuando me trataron así? ¿de verdad me “eduqué” o es que obedecía por miedo? ¿de verdad quiero que mis hijos me tengan miedo? ¿qué relación estoy propiciando entre mis hijos y yo? ¿cómo se sienten mis hijos en esta relación? ¿cómo me siento yo en esta relación? ¿me gustaría que fuese de otro modo? ¿existe un modo mas amigable y respetuoso de educarlos? ¿te das cuenta de que estás repitiendo un patrón de crianza?

Que bueno sería que todas las madres nos detuviésemos a pensar, a mirar para adentro nuestro, mirar nuestra historia, reconocer nuestras heridas, detectar desde donde actuamos y porque hacemos lo que hacemos, e inclusive algo mas básico como reflexionar sobre si estoy de acuerdo con lo que hago respecto a mis hijos. Podría sorprendernos las respuestas que encontremos.

Que urgente es que las madres salgamos del rol social que se nos ha asignado de "buenas e incondicionales madres", no es que no queramos serlo o que no amemos a nuestros hijos, pero estas etiquetas tan bonitas para la madre, terminan cegándonos, nos impiden analizarnos, mirarnos, nos impiden considerar el hecho de que realmente podemos estar haciendo daño a nuestros hijos. Casi nunca nos creemos capaces de lastimarlos y en realidad a menudo somos las más grandes predadoras de nuestros hijos y una vez mas repetimos el círculo y terminamos dando a nuestros hijos "historias para sanar". Hay que pararlo, cada madre debe revisar su historia de vida y sanarla, no hay otro camino para llegar a ser la madre que nuestros hijos necesitan.

Hay que empezar a tomar consciencia, hay que empezar a trazar el camino y dejar de recorrer el que nos trazaron.

Las madres tenemos un poder tan inmenso que si lo conociésemos en su real magnitud podríamos ver cuán capaces somos de potenciar a nuestros hijos o de desdicharlos para siempre. Es un poder reservado para la madre, quizá por eso la hemos magnificado tanto, quizá por eso nadie se atreve a cuestionarla y sin duda por eso aquí me refiero a la madre y no al padre.

Nadie duda lo mucho que amamos a nuestros hijos, por lo mismo hay que tomar consciencia de las enormes implicaciones que tienen nuestras acciones en sus vidas y en el adulto en que se convertirán.


A bajarse del “pedestal de galardones para mamá” y a MIRAR a nuestros hijos. No hay otra forma de  educarlos y de cambiar el mundo.

martes, 3 de noviembre de 2015

LA RESPUESTA NO SON LAS RESPUESTAS, SINO LAS PREGUNTAS

Como les contaba hace unos días, inicié una formación que me llena de ilusión y que la he esperado con muchas ganas en: Coaching Familiar e Inteligencia Emocional. Ya arrancó y la primera semana me ha dejado sorprendida, mucho mas de lo que esperaba.

Este es para mí el primer paso “formal” dentro de los cambios que he vivido en el último año. Si algo ha habido en todo este tiempo que me deja cada vez con mas asombro es el hecho de descubrir todo lo que puedo transformarme. Aveces me ha sonado demasiado poético eso de que tu construyes tu propia felicidad o que eres el dueño de tu destino y esas cosas, me sonaban a fallidos intentos de subirle la autoestima a la gente, pero para mi gran desconcierto voy descubriendo poquito a poco y con detalle cómo puede llegar a ser verdad.

El primer módulo me ha sacudido más de lo que imaginaba, no creía posible que cada persona tuviese dentro de sí las respuestas para cada situación que la acongoja, siempre he sido muy de la idea de pedir consejo y de dar consejo, pero me doy cuenta que ni lo uno ni lo otro es necesario. Lo que necesitamos es una guía, alguien que nos ilumine y que nos ayude a sacar toda la grandeza que llevamos dentro. Somos más  dueños de nosotros mismos, de lo que creemos. En verdad somos totalmente capaces de cambiar y mejorar nuestro entorno, nuestra vida, tenemos todo el poder.

Esta formación tiene una cosa que me fascina: me hace reflexiva. Estoy sorprendida por todo lo que puedo encontrar dentro de mí cuando me pongo a escarbar y escarbar hacia adentro. Veo que el camino a solucionar mis situaciones de conflicto no está tanto en saber responder, sino en saber preguntar, en saber preguntarme, plantearme nuevas preguntas, hacer y hacerme preguntas interesantes, cuestionarme mucho. Ver que nadie mas que yo misma sabe lo que mejor me viene hacer y decidir, sólo se trata de descubrirlo.

Una de estos cuestionamientos interesantes que me han surgido en esta primera semana proviene de mi propia infancia ¿cómo la viví? ¿cómo la sentí? ¿qué pensaba entonces? ... una vuelta en el tiempo que me ha venido muy bien para mirar y entender como soy hoy, que situaciones me siguen influyendo, cuáles me favorecen y cuáles pueden mejorar. Voy abriendo mis ojos a mi historia personal, quiero armarla, descifrarla, entenderla, entenderme, conservar lo que me sirve y hacer cambios a lo que me ata.


Aveces buscamos tanto pero tanto las soluciones en otras personas, en nuestro trabajo, en un ascenso, en mas dinero, en que la pareja cambie, en que la familia cambie y en tantísimas cosas externas y ajenas a nosotros y olvidamos mirar hacia adentro. Olvidamos cuestionarnos, detenernos, preguntarnos lo que nunca nos hemos preguntado, escucharnos, atendernos. Creo que el conocimiento personal es la mas grande herramienta con la que podemos contar para llegar a donde anhelamos. Es importante soñar, pero luego es indispensable dar un primer paso para que ese sueño se realice. Mi primer paso es este y siento que voy en la dirección correcta, este primer tramo del camino me ha dejado fascinada, empiezo a ver el sendero que me lleva a mi verdadero yo, a mi fuerza, a mi esencia, a mi luz. Ya les iré contando como avanzo, por ahora solo decirles que sé que voy en la dirección correcta.

Enlace al curso:
http://www.identiacf.com/web/index.php?op=not&id=70

martes, 20 de octubre de 2015

HIJO MÍO, ¡ES POR TU BIEN!

Tengo un nuevo cumpleaños, mi cumpleaños de mamá, pero no del día en que comencé a ser madre, sino del día en que tomé conciencia de lo inmensa que puedo llegar a ser en mi rol de madre.

Fue un 21 de octubre, fue en la noche, cuando reconocí que no me gustaba “educar” a mis hijos, cuando empecé a ver que el hecho de que mis hijos sean niños obedientes era algo que me hacía feliz a mí pero no a ellos, ahí fue cuando empezó a aparecer luz en un sendero que hasta entonces había sido difícil y lleno de normas.

En la educación de mis hijos yo había sumado mis opiniones a las del mayoritario colectivo de madres y padres: “tienen que ser niños obedientes” “tienen que comer en cantidad suficiente” “tienen que ser buenos estudiantes” “tienen que compartir”… y una larguísima lista de “tienen que”. Además me había convencido de que la escuela es una deidad, la escuela se volvía tan pero tan importante que en realidad importaba más que el mismo niño “tiene que comer solo porque cuando vaya a la escuela nadie le dará de comer” “tiene que obedecer porque en la escuela hay normas que cumplir” “tiene que compartir porque en la escuela hay 40 niños mas en el aula” “tiene que asearse sólo en el baño porque en la escuela nadie le ayudará”…. Es decir la mirada no estaba en el niño como el niño que es, ni en sus necesidades y ritmos propios, sino en que ese niño esté a la “altura” de la escuela…. Y también a la altura de lo que opinen los abuelos, los tíos, los amigos, la vecina, la señora de la frutas y la de las verduras. El niño tiene que ser un “niño bien”. ¡Que fastidio!

Sobre todo que fastidio para el pobre niño que tiene que encargarse de andar haciendo quedar bien a sus padres y tener que olvidarse de como queda para sí mismo y como va quedando para siempre dentro de sí.

Yo, al igual que muchos, andaba muy empeñada en “formarlos bien” (como si viniesen deformados o algo así), en educarlos correctamente, y muy a mi pesar los regañaba constantemente, los premiaba con pegatinas felices o los mandaba a la “silla de pensar”. Luego me encontraba con una enorme frustración al ver que nada de esto funcionaba como los “expertos” decían que debe funcionar y eso me abrumaba, aveces me hundía en pensamientos como “que mal lo hago, en verdad no sirvo para madre”, otras veces me iba por la orilla de decir “¿a estos niños que les pasa? Esto funciona maravillosamente con todos los niños menos con los míos” “es que los míos son la excepción de la regla, son el colmo, deberé ser mas rigurosa”.  Sin importar a que pensamiento yo daba permiso de adueñarse de mi, el resultado era el mismo: mis estrategias duraban lo que dura el temor al castigo o la ilusión del premio; después de eso volvíamos a lo mismo y yo cada vez me preocupaba mas, sufría mas y me enojaba mas. Y mis hijos se asustaban mas y se desconcertaban mas.

Siempre recordaré las palabras mágicas de mi hijo aquella noche: “pareces una bravísima”. En su bondad y en su amor incondicional para mí, ni siquiera me dijo “eres una bravísima”, nomás me dijo “pareces”. Mi pequeñito sabía que su madre lo amaba con la vida misma y que realmente no era esa bravísima a la que habían entrenado para “educar bien”  a sus hijos, nomás parecía, no era. Siempre estaré agradecida con mis hijos por su sabiduría y por la manera en que me transforman.

Al día siguiente comencé a tratar de llevar a mi vida lo que la noche anterior llena de lágrimas empecé a leer. Era una revelación total, no podía creerlo, estas cosas nuevas tan nuevas para mi estilo de crianza eran sorprendentemente obvias y, al mismo tiempo, sorprendentemente desconocidas para mí.

Lo encontré bajo diferentes denominaciones, por ahora me gusta llamarla Crianza Consciente, porque considero que tienes que alcanzar cierto grado de consciencia para poder vivirla a plenitud y con constancia.

Ha sido y es todo un proceso reconocer a mis hijos como seres humanos con igual dignidad e iguales derechos que todas las personas sin importar su edad. Resulta curioso, porque cuando dices esto en una reunión de amigos todos responden de inmediato: “sí, sí, claro que sí, pero porsupuesto” y lo dicen convencidos, y acto seguido voltean y sin mucha delicadeza dicen a su hijo de 5 años “Pepito cállate no interrumpas, vete a jugar a otra parte”, por decir lo menos. ¿Dónde está aquí la igualdad en el trato real y cotidiano a los niños? - “Es que tienen que aprender a respetar las conversaciones de los adultos” - justifican; yo pregunto ¿y porqué? y ¿para qué?; ¿acaso los adultos respetamos a rajatabla las conversaciones de los demás? ¿acaso no nos sucede que cuando algo nos urge irrumpimos en la habitación o en la oficina de lado y súbitamente interrumpimos para pedir aquello que en ese momento es de suma importancia? ¿acaso aveces no necesitamos interrumpir a nuestra pareja o amigos para hacer una aclaración? ¿acaso aveces no interrumpimos porque acabamos de astillarnos el dedo y precisamos ayuda inmediata? ¿acaso hasta el mesero no precisa interrumpirnos para tomar la orden?... ¿cuál es entonces el fastidio que tenemos con los niños cuando necesitan urgentemente contar a todos que el otro día saltaron como sapitos en el parque?

Cuándo los padres y las madres reprenden, castigan, gritan, quitan beneficios o quitan la palabra a sus hijos, suelen decir que es “por amor”. Sí, yo también lo decía y lo sentía, claro que era por amor. Hoy me pregunto ¿por amor a quien?, hoy sé la respuesta: “por amor a mí misma”, por amor a mi comodidad. Es mas fácil PARA MI mandarlos a estarse quietos y a dejar de pelearse so pena de castigo, que reconocer que necesitan atención de mamá y dejar de hacer MIS COSAS para dedicarme a jugar con ellos, a hornear galletas o a llevarlos al parque. Es mas fácil obligar a ponerse la ropa que considero adecuada, que dejarlos elegir y “pasar la vergüenza” de que vayan con la misma ropa de siempre, terriblemente combinados o con la camisa que ya tiene agujeros. Es mas fácil exigirles buenas calificaciones y obligarlos a adaptarse al sistema, que atreverse a cuestionar el sistema y esforzarse por encontrar otros caminos de aprendizaje. Es mas fácil presionarlos hasta que se queden quietos en su silla, que aceptar que quizá necesitan movimiento para aprender mejor. Es mas fácil obligarlo a ser lo que yo quiero que sea, que dejarlo ser quien es.

En general los padres vivimos bastante equivocados, creemos que nuestros hijos están “mejor educados” y tendrán un “mejor futuro” cuanto más se parezcan a lo que nosotros queremos que sean. Y olvidamos que ellos han venido a ser “ellos”, que no necesitan que les demos haciendo su vida, ni que les enseñemos a decidir ni a pensar, ni siquiera que les mostremos el camino. Nuestros hijos han nacido con bastante poder y firmeza de decisión y saben perfectamente el camino que quieren recorrer, lo que necesitan es que no les nublemos la vista, que no nos pasemos el día diciéndoles que hacer porque luego les costará encontrar que QUIEREN hacer, lo que necesitan es poder ser ellos mismos y no que los metamos en el molde que nosotros hemos fabricado, lo que necesitan es que seamos acompañantes de su camino y no sus arquitectos, lo que necesitan es poder SER QUIENES SON y no quienes nosotros queremos que sean.

A quien es lo que quiere ser, le espera el más lindo y prometedor futuro.

Este 21 de octubre cumplo un año, un feliz año, un año en el que he crecido más que en toda mi vida. Un año en el que he comenzado a aprender a respetarlos auténticamente, a entender que ellos (igual que yo) no siempre quieren comerse todo lo del plato, que no siempre quieren hacer la tarea en este minuto pero que pueden hacerla 20 o 30 minutos después, a entender que no pasa nada si en todas las reuniones familiares los ven con su misma camiseta favorita, a entender que cuando me interrumpen es porque aquel bicho que ha quedado atrapado en la telaraña realmente requiere ayuda urgente y que para ellos es sumamente importante, he aprendido que cuando mis hijos se ponen “insoportables” es una señal clarísima de que se les ha terminado el “combustible mamá” y necesitan de mi tiempo y atención, he aprendido a detectar la angustia que sufren mis hijos cuando montan un “berrinche” y a consolarlos y acompañarlos tal como lo haría si fuese mi madre o mi mejor amiga quien estuviese llorando de esa manera, he aprendido que cuando yo lloro desconsoladamente lo último que necesito es que alguien venga a recordarme lo torpe que soy o que me encierren para que me “calme”, los mismo les pasa a mis hijos; he aprendido que mi público más importante son mis hijos, no mis vecinos, las maestras, el pediatra o mis amigos, la única opinión que me importa de mi desempeño como madre es la de mis hijos.

En este año he podido ver con “estudio de campo” en mis propios hijos, que al tratarlos con respeto, con consideración, con empatía, aceptando sus gustos, intereses y necesidades; mis hijos no se han convertido en niños “malcriados” (que por cierto no existen) NO! mis hijos son niños respetuosos porque son respetados, son empáticos y solidarios porque eso viven, son seres humanos maravillosos y ya quiero ver los espléndidos adultos que serán un día. Alguien podría decirme “¡pero siguen trepados en la mesa!” “¡siguen sin compartir sus juguetes!” (esto de compartir es otro temita). Claro que sí, afortunadamente siguen siendo niños y hacen lo que hacen los niños!!!

Este año he visto la grandeza de mis hijos. Este año he visto el potencial de mi grandeza. Recién cumplo un año, soy una bebé. Que hermoso camino me espera por delante. Que hermoso año. FELIZ CUMPLEAÑOS A MI!!!